Estados Unidos siempre ha presumido ser un país libre y por tanto, cada uno de sus ciudadanos respira ese aire de libertad que permea en las actividades que realiza. La SOPA (Stop Online Piracy Act) o Ley para detener la piratería en línea rompe con el mito y amenaza con acabar con el internettal como le conocemos.
Otros países ya viven restricciones parecidas y la lista no es corta: China, Irán, Corea del Sur, Corea del Norte, Sudán, Turquía y otras tantas naciones, predominantemente africanas, cuentan con un marco legal que permite a los regímenes restringir contenidos en el internet al grado de que los usuarios no tienen acceso a todos los sitios disponibles en el mundo, simplemente a aquellos que los servidores locales abren previo permiso de los gobiernos.
Empresas que se dedican a la producción de contenidos han pugnado por un endurecimiento del marco legal que protege los derechos de autor. El movimiento a nivel mundial no tiene unos días, llevan años tratando de proteger esos contenidos y la presión ha rendido frutos en Estados Unidos.
Contrario a lo que ocurrió en Europa recientemente, donde la Corte de Justicia de la Unión Europea decidió que los filtros que los proveedores de Internet aplican a los sitios de intercambio de archivos violan los derechos fundamentales, en Estados Unidos, las industria del cine y la música unieron fuerzas para impulsar SOPA y para tal fin eligieron al legislador Lamar Smith para redactar la misma y promoverla ante los organismos legisladores estadounidenses.
El argumento de las compañías dedicas al entretenimiento, principales promotoras de la ley, son las pérdidas económicas que les genera la "piratería" en el internet. Para obtener la mayor cantidad de apoyo en las cámaras estadounidenses, dichas empresas gastaron alrededor de 415 millones de dólares en 2011.
SOPA consta de dos partes que, desde luego, van "junto con pegado": el apartado técnico y el ámbito legal. En lo que corresponde al código computacional, SOPA pretende filtrar las direcciones de internet para bloquear aquellos sitios cuyo contenido violen los derechos de autor como establecen las leyes estadounidenses. Lo mismo aplica para páginas web en Estados Unidos como aquellas foráneas que puedan verse en suelo estadounidense.
El apartado legal propone la prohibición de los sitios que violen los derechos de autor así como de aquellas páginas con servicios de pago que puedan contribuir a la misma actividad. Pero SOPA no quiere dejar cabos sueltos y pretende reformar la ley federal de telecomunicaciones que da inmunidad a sitios como Facebook, YouTube y Twitter quienes a la fecha no son responsables de lo que sus usuarios suben en las redes sociales. Es decir, serían cómplices de continuar operando de la forma en la que lo hacen ahora.
Para que Google, Wikipedia y demás sitios de uso cotidiano en la red pueda subsistir sin "regar la SOPA" tendrían que implementar filtros previos y ser restrictivos con lo que los usuarios publicamos en dichas páginas.
¿En qué parte entramos los cibernautas mexicanos en el enredo de SOPA? Si yo quiero subir al YouTube un video de quince años de mi hermana en donde se aventó una coreografía genial con una canción de Beyoncé es muy probable que tenga que pensarlo dos veces, pues mi material podría ser objeto de censura, pues no tengo lo permisos para ocupar la canción de la estadounidense. Igual no me multan a mí, pero sí impondrán una sanción económica a YouTube por permitir que como usuario utilice, cual “corsario” que soy, de manera ilícita el tema de Beyoncé.
Lo afortunado del hecho es que internet ha demostrado que es un organismo vivo. Desde que se dio a conocer que Estados Unidos votará a favor o en contra de SOPA el 24 de enero, las redes sociales y las páginas de internet ajenas a la promoción de la ley, se han dedicado a difundir la información al respecto, caso contrario de los grandes consorcios mediáticos que optaron por hacer mutis por temor a represalias o porque tienen un gran interés en que la legislación se apruebe.
Más desafortunado es el hecho de que SOPA es demasiado ambigua en sus propuestas y que la mayoría de los legisladores a favor están limitados en el entendimiento técnico y práctico del manejo de internet y el intercambio de archivos en línea. La ley, de aplicarse, nos pondría a los usuarios en el listado de delincuentes con el simple hecho de compartir una liga en línea. Al final ¿para qué queremos una red tan grande que abarque el mundo si no podemos compartir información, gustos y conocimientos?