Unas 5.000 personas mueren cada día en el mundo como consecuencia de esta enfermedad, de las cuales 150 viven en el continente americano.
La tuberculosis es una de las enfermedades conocidas más antiguas de la humanidad. Huesos de momias egipcias ya muestran rastros de infección. Durante décadas fue combatida con éxito, pero esta "enfermedad de los pobres" podría convertirse pronto nuevamente en un problema, también en los países industrializados.
"La tuberculosis no está bajo control", dijo Tido von Schoen- Angerer, miembro de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) en Berlín, con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Tuberculosis, apuntó DPA.
"La vacuna contra la infección es la menos efectiva que tenemos en toda la medicina", añadió.
Sin embargo, los casos de tuberculosis en América se redujeron desde 1995 en un 2,6 por ciento anual, según datos de la Organización Panamericanana de la Salud (OPS), gracias a la aplicación de una estrategia que incluye el diagnóstico, tratamiento con medicamentos y un seguimiento personalizado del paciente.
La tuberculosis, que es causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, es responsable de la muerte de cuatro personas por minuto en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Dos mil millones de personas están infectadas con este patógeno, que fue descubierto en 1882 por el científico alemán Robert Koch.
Cada año, casi nueve millones de personas presentan síntomas de la enfermedad, en su mayoría en países en desarrollo. En caso de no recibir tratamiento, más de la mitad de los infectados muere en un plazo de dos años.
Enfrentar el resurgimiento de esta enfermedad es casi imposible en las condiciones actuales. "La vacuna disponible es utilizada desde hace casi un siglo", indica Schoen-Angerer.
"No ofrece protección a los adultos y en los niños sólo mitiga los peores síntomas".
La vacuna casi sólo es aplicada a niños en países pobres. La falta de detección y tratamiento de esta enfermedad facilita su expansión, advierte la OMS.
Sin tratamiento, alrededor de un tercio de los casos no detectados infectarán cada uno a 15 personas.
Durante décadas se abandonó el desarrollo de nuevos métodos para la detección y el tratamiento de la tuberculosis. "Con los diagnósticos y medicamentos existentes, no tenemos ninguna posibilidad de poder controlar la situación", añade el experto de MSF.
El único método para detectar las bacterias de la tuberculosis es analizar el esputo con un microscopio. En el caso de infectados con el virus del sida, este método con frecuencia no sirve porque, por la debilidad del sistema inmune de estas personas, tan sólo unas pocas bacterias, difícilmente detectables, causan la enfermedad.
La tuberculosis es el principal desencadenante de la muerte de enfermos de sida.
Otra dificultad es que con la prueba para la tuberculosis, sólo se detecta la tuberculosis que afecta a los pulmones, a pesar de que las bacterias también pueden infectar ganglios, huesos y muchos órganos, dijo Schoen-Angerer.
Sin embargo, el mayor problema en la lucha contra la tuberculosis es la creciente resistencia que desarrollan las bacterias patógenas frente a los medicamentos utilizados.
"Ante todo en los países que se originaron tras la caída de la Unión Soviética la situación es preocupante", indicó el director del Instituto Max Planck de Biología Infecciosa en Berlín, Stefan Kaufmann.
"En algunas regiones, más del 10 por ciento de los enfermos son resistentes a varios remedios". Causa de la resistencia múltiple es la ineficiencia de los sistemas de salud en estos países, explicó el director de la división de enfermedades respiratorias y prevención con vacunas en el Instituto Robert Koch en Berlín, Walter Haas.
En el Instituto Max Planck se está desarrollando una nueva vacuna que mostró ser efectiva en experimentos con animales. A fines de año está previsto comenzar con los estudios clínicos.