René Alberto Liceaga, originario de Baja California, después de convertirse en el segundo ex alumno de La Academia pasó aislado la última noche en la casa en “el cuarto de las torturas”, como lo nombrara Alan Tacher.
En esta habitación, el ex alumno experimenta una marejada de sentimientos, es presa de los recuerdos y la soledad que provocan el estar separado del resto de sus compañeros luego de la noche de concierto.
A través de una pantalla, él revive todos los momentos clave de su estancia en la casa; la convivencia con sus amigos, los duros ensayos, el constante aprendizaje con sus maestros y los gratos instantes de diversión y esparcimiento.
Es esta noche cuando también el alumno tiene la oportunidad de despedirse de todos sus compañeros a través de una llamada telefónica.
Fue un momento difícil para René, quien no pudo contener las lágrimas al escuchar una a una las voces de lo otros alumnos deseándole la mejor de las suertes, dándole ánimos y muchas muestras de cariño.
Cuando sonó el teléfono, los alumnos ya sabían que era René así que se arremolinaron alrededor de Mario, quien corrió a descolgar la bocina y fue el primero en hablar con él: “Te quiero un chorro”, le dijo; Alan, por su parte, confesó que le pegó muchísimo su ausencia; Erasmo se dirigió a él con un lenguaje más de amigos al agradecerle todo su apoyo y reconoció que para él se fue uno de los mejores. Marco lo animó al decirle que el día de mañana se verían allá afuera; Adrián destacó las ganas que había puesto en su trabajo, y Karina le recordó su lado más humano “tienes un ángel bien lindo, eres lo mejor como persona”.
Aún no termina el camino de René, sólo cambiará su rumbo, porque no cabe duda que aún estando afuera, él seguirá dispuesto a continuar con la consolidación de su gran sueño.